Ya no sé exactamente cuantos meses llevo de viaje, puede que sean 6 o 7, de hecho me cuesta trabajo saber la hora del día, me he encontrado adivinándola y no siempre soy tan bueno. Son parte de las cosas que se pierden cuando andas en la carretera mientras ruedas. Es como si el viento mientras te golpea, te afeitara, te puliera y retirara todo lo que estorba, he perdido en total: mi chamarra, sí, esa fregona que compré en Vespatitlan, 3 celulares, de ellos 2 aifons y un genérico, mi laptop, camisas, playeras, pantalones, una cámara y mis raybans preferidos entre otras cosas. Me he perdido en el camino varias veces, algunas de ellas muy costosas, como cuando tomé una carretera equivocada saliendo de Holbox para Valladolid y terminé pagando una de cuota de casi 300 varos (me dolió y significó apretarme el cinto una semana jeje)… me he perdido también y literalmente en algunos bares de Veracruz, de Catemaco (de donde tuve que salir huyendo en la madrugada por meterme con la morra de un narco local), en tugurios de Bacalar, de Tulum, Palenque, Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal de donde he salido vivo solamente porque Alá es grande y mi suerte siempre trae llanta de refacción, prende con encendido eléctrico o a veces a patadas. He perdido recuerdos que tenía de situaciones, cosas y personas que le eran tóxicos a mi existencia, más tóxicos que un gramo de soda de a 300 varitos en San Cristóbal (chafa- chafa, nada que ver con la buena merca defeña tepiteña), he perdido el ego y la vergüenza que sentía por hacer ciertas cosas y en el viaje me he rifado desde como maestro de paddle board, cocinero, intendente, ayudante, chalan, barman, asesor comunitario zapatista  y otras actividades que no solo disfruté, sino que han resultado de suma importancia en mi desarrollo evolutivo. Agradezco. Perdí el amor que llegué a sentir y depositar en otras personas y lo recuperé por mí. Todas estas pérdidas han resultado ser ganancias, pero a pesar de todo lo que he perdido, afortunadamente no he perdido y me atrevo a informarles que tampoco perderé: mi capacidad para agradecer. Y hoy me siento con el impulso y las ganas de agradecerle en especial, a un Malportado por haberse convertido en uno de mis más grandes amigos: ¡Gracias Enrique Mújica!

(Espero que los demás no se sientan excluidos, mis mejores amigos hoy por hoy son Malportados y otros que no, pero ya les mencionaré en mis siguientes columnas)

Al Club Vespa de México llegué hace poco mas de 7-8 años en búsqueda de un mecánico, en ese entonces me reconocía cómo un perfecto neófito en los asuntos de la talacha (sigo muy puñetas pero afortunadamente en este viaje, he contado con la asesoría ilimitada, vía teléfono, de Vespaco y con eso más la disponibilidad de Destructella, puedo decir que no me he quedado tirado en ninguna ocasión… ¡Gracias totales Paco!)… Bueno, la verdad, acá entre nos, en esa primera junta los sentí medio “apretados” fue en un café de la Nápoles (2 de azúcar), en ese entonces dije “uy que fresas”, ya me iba, cuando llegó montado en una primavera naranja bastante puteada el buen Muji. Notó que yo era el nuevo, seguramente por mi cara de pendejo y  pues ya conocía a todos los demás, después de saludarles a todos se acercó, me preguntó no solo mi nombre, sino detalles de la Vespa, como ¿cuando la había comprado?, ¿cuanto me había costado?, ¿por qué había elegido una Vespa?, en ningún momento sentí una discriminación por el hecho de que mi primer motona fuera una india LML, tampoco intentó venderme partes o piezas, ni me presumió el arsenal de Vespas y de conocimientos de la misma que el guardaba. A lo único que me invitó, fue a continuar asistiendo al club pues me aseguró que conocería amigos entrañables. Su buenaondez fue lo que me hizo quedarme, después conté con su apoyo en innumerables ocasiones dentro del Club Vespa y fuera de el, me presentó a su familia y tuvo la confianza para hacerme médico de sus padres, tíos y tías. Cuando programó su viaje a Colombia en una Vespa que pensaba comprar allá, acudió a mi consultorio y me soltó la noticia de que se iba en ésta aventura, por eso antes de éste viaje fue a él mismo, que le dije antes que a nadie más, de mis intenciones de Vespear por el país o a donde los vientos me llevaran. En una ocasión hace poco mas de un año, llevé a mi amiga Karina a una fiesta que se hizo en casa de Lalo, cuando llegamos le presenté a todos los Malportados que ahí estaban, recuerdo que cuando entró Muji, le dije: mira, el es Enrique Mújica, uno de mis mejores amigos, es de esos cuates que se quitan la camisa por los panas. Muji estaba cómo a 30 metros, obviamente no oyó lo que le decía a Karina de el. Cuando estaba acabando la fiesta, yo aún pensaba quedarme con Karina una hora más, Muji se acercó para despedirse, nos preguntó si nos iríamos en Vespa, le contesté que sí, que nos iríamos Karina y yo más tarde en la Blanquita, Enrique nos dijo que el se iría en coche, que afuera estaba frío (había bajado considerablemente la temperatura) y que si no queríamos una chamarra, mientras hacía el esfuerzo por quitársela, Karina volvió a verme, con una enorme sonrisa, Enrique acababa de respaldar sin saberlo, el «cómo yo lo había descrito» previamente.

Faltando una semana para el inicio de este viaje en que me encuentro, me pidió la oportunidad de echarle un ojo a la Vespa, <solo para hacer una revisión mecánica y ver que todo estuviera bien> me aseguró. Se la dejé una mañana de Febrero quedando a pasar por ella 3 horas después . Cuando fui a recoger a Destructella me encontré con que tenía amortiguadores, chicotes, faro, luces, balatas, parrillas portaequipaje delantera-trasera nuevas, así como la tienda de campaña que el había usado en Colombia. Todo me lo regaló, no me quiso cobrar, ni aceptó un peso, me dijo “te quieres ir de viaje… ahí tienes papá, para que no haya excusas y no te falte nada”… pero más allá del apoyo que me ha brindado dentro y fuera del club, el apoyo moral siempre ha sido el más importante. Enrique cómo los verdaderos amigos, jamás me ha juzgado, sabe y conoce de la mayoría de las pendejadas en que me he montado sin casco y en ningún momento me ha puteado, ni se ha burlado. Éste cabrón, hace valer a la perfección, aquello de que a un amigo, no tienes que darle explicaciones, porque no las necesita.

«I wanted movement and not a calm course of existence, I wanted excitement and danger, and the chance to sacrifice myself for my love. I felt in myself a superabundance of energy which found no outlet in our quiet life»

Family Happiness, Leo Tolstoy

Tengo mucho que compartirles de mi viaje banda, ha sido una experiencia muy chingona cómo ya les he repetido varias veces. Ahora traigo en mi cuaderno personal, bastantes apuntes e historias de lo que he vivido y rodado con Destructella por casi cada pueblo del sur de Veracruz, de Tabasco, Chetumal, Bacalar, Mahahual, Sian Khan, Tulum, Punta Allen, Playa del Carmen, Holbox, Can Cun, Valladolid, Mérida, San Felipe, Rio Lagartos, Celestum, Champoton, Campeche, Villahermosa, Palenque, Ocosingo, San Cristóbal, Tuxtla Gutiérrez, Chamula, Simojovel, Chiapa de Corzo, Moxviquil y la Selva Lacandona. Ya faltan pocos días para que decida si regreso al DF o si me sigo a Mazunte o Guatemala, sé, que si jalo para Guatemala lo más seguro es que ya me siga hasta Sudamérica, la Vespa tiene eso muy raro, eso que te hace aspirar durísimo a lo que otros consideran imposible. Perder cosas y perderse en el camino implican un mucho de olvido y es curioso porque siempre he pensado que no aspiro a otra cosa que no sea la inolvidabilidad (sí, yo acuñé el pinche término culeros jeje). La banda luego lo confunde y piensa que desde mi ego “aspiro a ser inolvidable”, no, aclarando les comento que cuando digo que voy o aspiro solo por la inolvidabilidad es porque le tiro solo a vivir momentos inolvidables y esos ya sea en un Jueves cualquiera con la banda Malportada o en ciudad y en carretera son alcanzables con una Vespa, la que quieran. Vamos por la carretera rodando, regando con la ayuda del viento, nuestro ADN por cada camino que recorremos, volviéndonos inolvidables e irrepetibles en ese instante pero acumulando momentos en complicidad con la Vespa, el asfalto el viento y nuestro ADN Malportado.

El ADN Malportado

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- Médico cirujano, corredor, ciclista, Vespista-Malportado, rugbier de corazón y escritor de nalga paciente-resilente.